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Cambio climático podría empujar a 27 millones de niños y jóvenes a la pobreza en América Latina y el Caribe para 2030

El cambio climático se perfila como una amenaza sistémica capaz de revertir décadas de avances sociales en América Latina y el Caribe (ALC), impactando de manera desproporcionada a la infancia y la juventud. Un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que la inacción climática global, sumada a la persistente desigualdad regional, podría empujar a más de 27 millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes menores de 25 años a la pobreza para 2030.

El informe modela los impactos del cambio climático sobre la pobreza infantil en 18 países de la región, considerando riesgos crónico, como el aumento de temperaturas, y riesgos agudos, como sequías, olas de calor, inundaciones y ciclones tropicales.

Los hallazgos presentan tres posibles caminos:

Escenario de “Políticas actuales”: Si las emisiones globales continúan en su trayectoria actual, 9.97 millones de niños y jóvenes adicionales caerán en la pobreza en 2030. Un aumento comparable al que provocó la pandemia de COVID-19.

Escenario “Net Zero 2050”: Incluso con un esfuerzo global ambicioso para reducir gases de efecto invernadero, 5.9 millones de menores podrían caer en la pobreza.

Escenario “Muy poco, muy tarde” con desigualdad agravada: Si el cambio climático profundiza las brechas existentes y el coeficiente de Gini empeora un 1% anual, la cifra de menores afectados podría superar los 27.5 millones, más del triple del impacto que dejó la pandemia.

El estudio advierte que, bajo los peores escenarios, el PIB per cápita regional podría caer hasta un 12% en 2030, profundizando aún más las desigualdades.

Niños, adolescentes y jóvenes son los más expuestos a los impactos climáticos por factores físicos, su dependencia económica y su desarrollo en curso. Más del 60% de quienes caerían en la pobreza tienen menos de 15 años, y la primera infancia, los primeros 1,000 días de vida, es especialmente crítica.

Los riesgos se reflejan ya en su vida cotidiana: el aumento de temperaturas y cambios en las lluvias favorecen enfermedades como dengue, malaria y diarreas. A nivel mundial, hasta 1 millón de niños menores de cinco años podría sufrir retraso en el crecimiento por efectos climáticos.

Además más de 436 millones de niños vivían en 2022 en zonas de vulnerabilidad hídrica alta.

Los desastres interrumpen clases y aumentan la carga doméstica sobre las niñas, elevando el riesgo de abandono escolar, uniones tempranas y violencia sexual y las olas de calor dificultan la concentración y elevan riesgos de deshidratación y golpes de calor, especialmente en bebés y niños pequeños.

A pesar de su alta vulnerabilidad, los compromisos financieros siguen rezagados. Solo 3.4% del financiamiento climático multilateral recibido por la región es sensible a la niñez. A escala global, el porcentaje desciende a 2.4%.

El estudio urge a los países a integrar la dimensión infantil en las políticas climáticas, especialmente de cara a la actualización de sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN) en 2025. Entre las recomendaciones principales destacan:

Fortalecer la resiliencia climática de servicios sociales esenciales —salud, educación, nutrición— y de la infraestructura, con especial atención a la primera infancia.

Aumentar el financiamiento climático sensible a la niñez, incluyendo recursos para afrontar pérdidas y daños.

Implementar protección social adaptativa que responda a necesidades físicas y psicológicas de niños y adolescentes.

Incluir a la juventud en la gobernanza climática, pasando de la consulta simbólica a la participación real en decisiones.

El informe concluye que la crisis climática está transformando la vida de millones de niños y jóvenes en todo el mundo, y advierte que el futuro de la región depende de políticas urgentes que integren justicia climática y justicia social de forma simultánea.