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Público ≠ Gratis, a propósito del camping de Valle Nuevo

Por Saiurys Bonnet

¿Lo que te quilló del área de acampada de pago en el Parque Nacional Valle Nuevo fue el cobro? ¿O que la gestión se delegara a una empresa privada?

Si fue lo segundo, escucha: cuando el Estado admite que no tiene capacidad para custodiar bien “la madre de las aguas” y decide delegar, eso no es traición, es honestidad. La misma que ejerces tú cuando contratas a alguien para cuidar a tus hijos porque reconoces que solo no puedes, o peor, se los dejas a la abuela porque no tienes ni para pagar.

Aquí hay algo que conviene entender: la conservación tiene un costo real, y ese costo lo paga alguien, siempre. La pregunta no es si se paga, sino quién lo hace y con qué consecuencias para el ecosistema. Durante años, el acceso sin regulación a Valle Nuevo dejó huellas visibles: residuos, fogatas en zonas sensibles, compactación del suelo. No porque la gente sea mala, sino porque lo que es de todos y no tiene quien lo cuide, termina siendo de nadie. Los economistas le llaman la tragedia de los comunes. Yo le llamo lo que pasa cuando confundimos público con gratis.

Que algo fuera gratuito no significa que no tuviera costo. Significa que ese costo lo estaba asumiendo el ecosistema.

Ahora bien, la pregunta legítima no es si el Estado debe delegar, sino bajo qué condiciones. Una concesión bien estructurada debe incluir obligaciones claras de conservación, tarifas accesibles para residentes locales y cláusulas de rescisión si no se cumplen los estándares. Eso no es privatizar la naturaleza. Es reconocer que protegerla tiene un precio, y que quienes la disfrutan tienen responsabilidad en sostenerla.

Parte de la indignación viene de un lugar válido: la desconfianza histórica a que “empresa privada” signifique negocio sin rendición de cuentas. Esa desconfianza hay que honrarla exigiendo transparencia, no gritando en redes sin haber puesto un pie en el lugar.

Para que el país funcione, necesitamos ser honestos sobre dónde están las fallas. Cuando nos mienten nos quejamos, y cuando nos dicen la verdad, también. Si seguimos así, nos quedamos sin gente buena que quiera gestionar lo público.

La madre de las aguas no necesita indignación. Necesita ciudadanía informada que exija, pregunte y le dé seguimiento.

Esta vaina la cambiamos juntos, pero para eso hay que hacer, no solo hablar.

Saiurys Bonnet
Especialista en desarrollo sostenible · Fundadora de Una Vaina Verde
saiurys@unavainaverde.com

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