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Conversaciones Naranja: Ciencia con Propósito llegó a INTEC con una agenda de futuro para República Dominicana

Catalina Mendoza y Alyssa Guzmán

Santo Domingo, RD

El pasado 2 de junio, el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) fue sede de
Conversaciones Naranja: Ciencia con Propósito, aplicaciones para la sostenibilidad, una
jornada académica organizada en colaboración con la Embajada del Reino de los Países
Bajos. El evento reunió a investigadores dominicanos y neerlandeses para explorar cómo
la ciencia aplicada puede responder a los desafíos ambientales del país. Iniciativas que
van desde convertir residuos agrícolas en materiales y fertilizantes, hasta modelar
edificios más eficientes o usar inteligencia artificial para anticipar desastres.

La jornada incluyó una conferencia magistral transmitida desde Wageningen University and Research,
seguida de un panel multidisciplinario con presentaciones de proyectos desarrollados en
INTEC y desde el sector público.

«La ciencia puede ayudarnos a imaginar el futuro que queremos construir» 

La jornada arrancó con una mirada desde Europa. Rita Hulsman, gerente regional para
América Latina y el Caribe de Wageningen University and Research, junto a Eline Van
Remortel, investigadora de la misma institución se conectó desde los Países Bajos para
presentar el proyecto NL2120, un ejercicio de planificación a largo plazo que se pregunta
cómo serán los Países Bajos dentro de cien años si se toma en serio la alianza con la
naturaleza.

Hulsman describió un país que ha llegado a sus límites ecológicos, con apenas el 15% de
su estado natural conservado, y que decidió responderse con imaginación científica en
lugar de solo con alarma. El resultado fue un escenario de futuro donde el agua tiene más
espacio, la biodiversidad se recupera, las ciudades se vuelven más verdes y la agricultura
trabaja junto a los ecosistemas en lugar de contra ellos. Ese ejercicio, nacido en 2021, se
convirtió en un programa nacional de diez años financiado por el gobierno neerlandés.
Van fue enfática en que el mensaje no era solo técnico, sino político y social, pues la
ciencia es más que documentar problemas, sirve para abrir conversaciones sobre adónde
queremos ir.

«Usemos la ciencia para contar la historia de los mundos que queremos construir.»
Sargazo y café: los residuos que podrían convertirse en fertilizante dominicano
Desde el panel local, Yaset Rodríguez, profesor e investigador y coordinador de la Unidad
de Innovación en Bioplásticos y Biomateriales de INTEC, presentó una de las líneas de
investigación más directamente conectadas con la realidad agroproductiva del país; el
desarrollo de biofertilizantes a partir de residuos locales.

El punto de partida es una doble contradicción. Por un lado, República Dominicana
importa grandes volúmenes de insumos agrícolas para sostener una agricultura intensiva
que, a su vez, genera residuos que nadie sabe bien cómo aprovechar. Por el otro, el
sargazo, esa masa de algas que llega a las costas del país con creciente intensidad,
representa hoy un problema ambiental y logístico sin solución clara.

El proyecto, denominado ANCLA, propone que ambos problemas sean parte de la misma
solución. El grupo ha desarrollado formulaciones de biofertilizantes a partir de sargazo,
pulpa de café y borra de café, validadas mediante una ruta metodológica que incluye
caracterización química, microbiológica, pruebas ecotoxicológicas y ensayos en parcelas
de agricultores familiares. Hasta la fecha, el trabajo ha producido cuatro artículos
científicos publicados en acceso abierto y reconocidos por la comunidad internacional.
«El país tiene gran cantidad de residuos agroindustriales que no se valorizan de forma
eficiente, al igual que nos está llegando el fenómeno del sargazo. Eso nos llevó a
desarrollar una primera formulación validada en condiciones de agricultores familiares».

Yuca que no se vende, plástico que sí se degrada

Pamela Tejada, biotecnóloga y encargada del Laboratorio de Reactores y Bioreactores de
INTEC, presentó otra cara de la misma filosofía, una centrada en transformar lo que sobra
en algo que el mercado necesita. Su línea de investigación trabaja en el desarrollo de
biocompuestos, materiales formados por al menos un componente de origen biológico,
como alternativa complementaria a los plásticos convencionales.

El material de base es el almidón termoplástico extraído de yuca que no llega a venderse o
que se descarta durante el proceso productivo. A ese almidón se le incorporan fibras de
residuos agroindustriales, cáscara de arroz, fibra de coco, bagazo de caña, para darle
resistencia, rigidez y estabilidad. El resultado es un bioplástico biodegradable, de bajo
costo, producido con materia prima local, y orientado especialmente a productos
desechables.

Tejada subrayó que los bioplásticos no pretenden reemplazar al plástico convencional,
sino ofrecer una alternativa específica para segmentos del mercado donde la
biodegradabilidad importa. Y que el sector industrial dominicano con su maquinaria y
experiencia en plásticos podría incorporar estos materiales sin partir de cero, generando
empleos verdes en el proceso.

«Los agricultores quieren que se utilicen estos recursos, porque para ellos es una
problemática. Para nosotros, ese problema se transforma en una oportunidad para
obtener materiales sostenibles que apoyen al mercado local».

El edificio que aprendió a conocerse a sí mismo

El Dr. Deyslen Mariano-Hernández, profesor e investigador de INTEC, presentó un estudio
de eficiencia energética realizado sobre el edificio Ercilia Pepin, uno de los espacios de
mayor tránsito del campus, que concentra aulas, oficinas y áreas comunes.

La herramienta central del estudio fue un gemelo digital, que consiste en una réplica
virtual del edificio, con datos reales y actualizados, capaz de simular escenarios de
consumo y generación de energía sin intervenir físicamente en la estructura. Usando ese
modelo junto con simulaciones de generación solar, el equipo, integrado por estudiantes
de ingeniería mecatrónica, analizó qué combinación de tecnologías activas (sistemas de
climatización inteligente, sensores) y pasivas (cambios de hábitos, doble ventana)
permitiría acercar el edificio a un consumo de energía casi nulo: es decir, que produzca
tanta energía como consume.

Los resultados fueron presentados en congresos de ciudades inteligentes, y el proyecto se
posiciona como un modelo replicable para evaluar y mejorar la eficiencia de otras
edificaciones universitarias e institucionales en el país.

«Los gemelos digitales tienen vida: no solo modelan el edificio, sino que permiten
modificarlo y analizar los resultados antes de tomar cualquier decisión real».

Inteligencia artificial al servicio de la gestión de riesgos

El panel contó también con la participación de Juan Salas, director ejecutivo de la Defensa
Civil, quien presentó las apuestas del gobierno dominicano en materia de inteligencia
artificial aplicada a la gestión de riesgos y desastres. Su intervención conecta la dimensión
institucional con los temas científicos de la jornada, mostrando cómo las herramientas
tecnológicas pueden traducirse en capacidad de respuesta del Estado ante emergencias
climáticas y eventos extremos, un horizonte cada vez más urgente para un país caribeño
en primera línea de la vulnerabilidad climática.

Una conversación que apenas comienza

Conversaciones Naranja cerró con la certeza de que los temas abordados, bioeconomía,
biomateriales, eficiencia energética, resiliencia climática, no son aspiraciones abstractas
sino líneas de trabajo activas dentro de la academia dominicana. La colaboración con los
Países Bajos aportó una perspectiva de largo plazo: la de un país pequeño que aprendió, a
fuerza de necesidad y ciencia, a convertir sus limitaciones de espacio y recursos en
laboratorio de soluciones. República Dominicana, con sus residuos de sargazo, yuca y
café, con su clima y su industria plástica, tiene sus propias condiciones para escribir una
historia parecida.

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