Home » Economía circular en acción: diseño inteligente, negocios sostenibles y residuos con nuevo propósito en República Dominicana

Economía circular en acción: diseño inteligente, negocios sostenibles y residuos con nuevo propósito en República Dominicana

La creciente conciencia mundial en torno a la contaminación y su impacto multidisciplinario, cada vez más cerca de un punto de no retorno, ha cargado nuestros tiempos de innovaciones sostenibles que buscan contrarrestar esta realidad. Son propuestas nuevas, disruptivas, incluso contraintuitivas, que en su propio proceso arrastran errores propios de toda creación emergente. Sin embargo, no todos los errores nacen de la búsqueda honesta de soluciones. Algunos provienen de los atajos y de las apariencias.

Por tanto, tenemos que dejar de asumir y empezar a entender que las etiquetas no siempre significan compromiso y que las palabras también pueden funcionar como máscaras que esconden profundas irresponsabilidades detrás de significados atractivos. En este contexto, el experto internacional Enrique Cueva, durante su presentación “Más allá de la intuición: Entendiendo el análisis del ciclo de vida”, realizada en el marco de la Expo Sostenible 2026, replanteó la manera en que pensamos el problema de los desechos, invitándonos a abandonar la obsesión por el residuo para prestar atención, tanto desde la postura del consumidor como del empresario, al proceso de diseño del producto.

Cueva afirma que es precisamente en la etapa de diseño donde pueden identificarse los puntos críticos de cada sistema de producción, aquellos que hacen inevitable su impacto negativo. El siglo XXI arrastra, como los anteriores, un modelo económico lineal que responde a una secuencia de extraer, producir y desechar. Una lógica que asume recursos infinitos en un planeta que constantemente demuestra sus límites. Continuar bajo este modelo, donde desechamos más rápido de lo que regeneramos, no hace más que acelerar una conclusión que se acerca más rápido de lo que queremos admitir.

Si bien la totalidad de su presentación resultó valiosa, uno de sus aportes más importantes no fueron únicamente los datos ni las herramientas, sino el llamado a la reflexión sobre cuánto sabemos realmente de los productos que utilizamos y la manera en que estos interactúan con la sostenibilidad. El consumidor promedio conoce apenas el inicio o el final del proceso, pero rara vez se detiene en el medio, ahí donde se concentran las condiciones laborales, los costos ambientales invisibles y los impactos sociales derivados del transporte, del acceso a recursos y de las comunidades involucradas.

En ese vacío de conocimiento, las preguntas complejas se llenan con respuestas simples. Términos como “reciclable”, “biodegradable” o “eco” se utilizan, y se aceptan, con una carga de significado que muchas veces no les corresponde. Más que conceptos, se convierten en atajos que tranquilizan sin explicar.

Pero como plantea el representante de GreenDepot y Vytal, un producto solo puede considerarse sostenible si cumple simultáneamente con tres condiciones: ser ambientalmente viable, económicamente factible y socialmente justo a lo largo de todo su ciclo de vida. Es aquí donde entra el ACV, Análisis de Ciclo de Vida, una herramienta que permite medir con datos concretos el impacto real de un producto desde la extracción de sus materiales hasta su disposición final. De ser bien aplicado es capaz de funcionar como brújula para decidir dónde intervenir y cómo transformar los procesos productivos. Este enfoque se complementa con el ecodiseño, una metodología que propone actuar desde el origen para anticipar el problema antes de que exista. No es un detalle menor, pues hasta el 80% del impacto ambiental de un producto se define en su fase de diseño.

Cueva también aterrizó estos conceptos en el contexto local al presentar la iniciativa de envases reutilizables impulsada por Vytal, con la que se busca prevenir la generación desproporcionada de residuos desde la raíz. Un modelo ya implementado a nivel global que en República Dominicana ha logrado evitar la circulación de decenas de miles de envases desechables.

Si algo debe llevarse el lector más allá de cifras y metodologías es que las “etiquetas verdes” se han vuelto comerciales, pero no necesariamente verdaderas. Y por tanto han dejado de ser un indicador confiable de sostenibilidad.

Seamos escépticos, curiosos y lo suficientemente incómodos como para cuestionar lo que consumimos.

La intuición ya no basta.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *