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El turismo regenerativo como oportunidad para reinventar el modelo turístico de la República Dominicana

Por Lolibel Hernández Sosa

¿Es posible seguir aprovechando los beneficios económicos del turismo, pero sin deteriorar nuestros ecosistemas? El turismo por años ha sostenido la economía dominicana y, sin lugar a duda, ha aportado al desarrollo de miles de familias dominicanas. Sin embargo, a su vez, éste ha dejado una huella imborrable, el desgaste de nuestros recursos naturales.

La República Dominicana, según el Ministerio de Turismo, recibe actualmente más de 11 millones de turistas anuales, y el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) proyecta que para el cierre del 2025 el turismo representará un aporte aproximado al 16% del PIB del país.

Evidentemente estas son cifras alentadoras cuando pensamos en desarrollo económico, pero preocupante cuando observamos la presión sobre nuestros recursos hídricos, la pérdida de nuestra cobertura vegetal costera, la contaminación por residuos sólidos, la increíble erosión costera y la saturación en polos turísticos como Bávaro y Punta Cana.

Desde mis 7 años vivo en La Romana, destino turístico conocido internacionalmente, especialmente por buzos, quienes no hace más de 15 años amaban sumergirse en las aguas de la Isla Catalina por su riqueza marina.

En la actualidad el anclaje de los cruceros y la falta de planificación turística, así como la pesca masiva, han destruido los corales de la isla, llevándose con ellos su atractiva biodiversidad marina.

En este artículo no intento demonizar nuestro actual modelo turístico, sino expresar una genuina preocupación por su impacto en el territorio (que cuenta con recursos naturales limitados).

Nuestra isla ya demuestra síntomas de agotamiento. La República Dominicana tiene valiosos ecosistemas costeros y marinos que proveen servicios ecosistémicos claves. El valor de estos servicios se ha estimado en USD 1.7 mil millones anuales (IDB, 2024). Con el modelo de turismo actual estos recursos se ven amenazados.

Pensar en un modelo de turismo sostenible ya no es suficiente; el turismo debe comenzar a regenerar. El término regenerar se refiere a restaurar los ecosistemas degradados o dañados para devolverles su funcionalidad ecológica. El turismo regenerativo es la oportunidad para dejar de dañar y comenzar a recuperar, ya que no se trata solo de ¨cuidar lo que tenemos¨ sino dejarlo mejor que como lo encontramos. La idea no es preocuparnos por cuánto daño se evita, sino por cuánta vida se devuelve.

En el 2024 tuve la oportunidad de visitar Hawái y darme cuenta de cómo estos han podido desarrollar un nuevo modelo que invita a los turistas no solo al disfrute de playas sino a hacer ecoturismo, a participar en proyectos de restauración de corales y bosques, a revitalizar comunidades rurales, a conocer más que los todo incluido, la historia y la cultura de una comunidad que ha resistido; nosotros no somos muy diferentes.

Destinos como Nueva Zelanda, Costa Rica, Bali e Islas Canarias están demostrando que el turismo regenerativo no reduce la rentabilidad, sino que la transforma en una prosperidad compartida, en desarrollo equitativo.

Hoy la República Dominicana tiene la oportunidad de convertirse en el primer país en el Caribe donde los turistas no solo vienen a consumir, sino que también vienen a preservar. Si lo logramos, habremos entendido lo que significa viajar para sanar.

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