La Delegación del pueblo Indígena, una organización de caciques, líderes comunitarios y portadores de saberes ancestrales de distintas regiones del país, ha encontrado en la defensa ambiental una de sus causas más urgentes. Para ellos, la lucha no es solamente por los recursos naturales, sino por una forma de relacionarse con el territorio.
«El término ser indígena ya simboliza sostenibilidad y ecología», afirma M’anawa Kuya Ni, comunicadora social, agricultora y una de las voceras de la organización. La delegada tuvo su rito de paso este año. Su nombre significa el espíritu del agua desnudo, ya que porta la sabiduría del agua y se representa como una líder del pueblo indígena.
De las Cuevas del Pomier a la Cordillera Septentrional
La defensa ambiental se convirtió en su principal catalizador en los últimos años.
El punto de inflexión ocurrió con la amenaza minera sobre las Cuevas del Pomier, en San Cristóbal, consideradas el complejo de arte rupestre más importante del Caribe. La posibilidad de que la extracción minera afectara este patrimonio cultural movilizó por primera vez a líderes indígenas de distintos territorios bajo una causa común. Desde entonces han participado en acciones contra proyectos extractivos en San Juan de la Maguana, San Cristóbal y ahora en Santiago, donde expresan preocupación por iniciativas que podrían afectar áreas de la Cordillera Septentrional, una región clave para la biodiversidad y el abastecimiento de agua. La posición de la delegación frente a la minería no parte únicamente de argumentos técnicos o económicos.
«Para nosotros la montaña es una abuela», y entrar a sus entrañas con maquinaria para extraer recursos es una forma de violencia contra un territorio vivo.
«No nos vemos separados de la naturaleza. Somos la naturaleza», sostiene.
Las preocupaciones de la delegación no se limitan a la minería. Desde su finca, donde trabaja en la recuperación de especies nativas, observa cambios que coinciden con el cambio climático, como que los mangos se dan todo el año. Por otro lado, explica que, a diferencia de los enfoques convencionales centrados en el reciclaje o la reducción de la contaminación, su relación con la naturaleza parte de una concepción espiritual: consideran que la tierra, el agua, la flora y la fauna son seres vivos y sagrados. Es actualmente la única representante del lado este de la isla ante la Confederación de los Pueblos Unidos Taínos, organización que representa al pueblo taíno en las Naciones Unidas. Desde esa posición, la delegación aspira a ir más lejos: incidir en políticas públicas, en legislación ambiental y en los debates sobre desarrollo del país.

