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Monitoreo de especies, combate al tráfico ilegal y control de invasoras: las acciones de Medio Ambiente para proteger la fauna amenazada

La República Dominicana cuenta con unas 1,330 especies de plantas amenazadas y 441 especies de fauna clasificadas en diferentes categorías de riesgo, de acuerdo con datos manejados por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Ante este panorama, la institución desarrolla una serie de programas enfocados en la conservación de especies endémicas y nativas, muchas de las cuales enfrentan amenazas asociadas a la pérdida de hábitat, el tráfico ilegal y la introducción de especies invasoras.

Ramón Joel Espinal, encargado de la División de Fauna de la institución, explicó que la Dirección de Biodiversidad trabaja a través de tres áreas principales: monitoreo y conservación de vida silvestre, regulación y control del comercio de especies, y manejo de especies exóticas invasoras.

Uno de los principales programas consiste en el monitoreo permanente de especies consideradas prioritarias para la conservación. Entre ellas se encuentra La Cúa, un ave endémica de La Hispaniola catalogada en peligro crítico de extinción, cuya población es monitoreada en varias áreas protegidas.

También se realizan seguimientos al cocodrilo americano y a las dos especies de iguanas presentes en el Lago Enriquillo, así como a poblaciones de iguanas en la Loma Charco Azul. 

De igual manera, técnicos de la institución mantienen programas de monitoreo de tortugas marinas debido a la importancia que tienen para los ecosistemas costeros.

“Especies sombrilla”

Espinal explicó que estas especies funcionan como “especies sombrilla”, ya que las acciones implementadas para protegerlas benefician a muchas otras que comparten los mismos ecosistemas.

“Cuando monitoreamos una especie no solo estamos protegiendo a ese animal. Todas las especies que habitan en ese entorno se benefician de la presencia técnica y de las acciones de conservación que se realizan”, indicó.

Otro de los componentes de la estrategia institucional es el control del comercio ilegal de vida silvestre. A través del Departamento de Regulación y Control, Medio Ambiente desarrolla inspecciones en campo, supervisa puntos de entrada al país y coordina acciones con otras instituciones para reducir el tráfico de especies.

Según explicó el especialista, estos trabajos se realizan en el marco de los compromisos asumidos por el país dentro del Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).

La cotorra de La Hispaniola  

Entre los avances recientes destacó la inclusión de la cotorra de La Hispaniola en el Apéndice I de CITES, considerado el nivel más alto de protección internacional para especies amenazadas.

Espinal señaló que esta ave endémica enfrenta una situación delicada debido a la reducción de sus poblaciones silvestres y a la presión ejercida durante décadas por el comercio ilegal. 

Detalló que ejemplares extraídos de la naturaleza en décadas pasadas fueron llevados a otros países, donde se reprodujeron en cautiverio y dieron origen a poblaciones mantenidas actualmente en Estados Unidos, Europa y Asia.

Las especies exóticas invasoras

Además de combatir el tráfico ilegal, Medio Ambiente desarrolla programas para enfrentar una de las mayores amenazas para la biodiversidad mundial: las especies exóticas invasoras.

El funcionario explicó que estas especies pueden desplazar a las nativas y endémicas, alterar ecosistemas completos y reducir las posibilidades de supervivencia de organismos que evolucionaron de manera natural en el país.

Actualmente, la institución mantiene acciones permanentes de prevención, monitoreo y control de especies invasoras consideradas prioritarias.

Uno de los casos más exitosos citados por Espinal es el de Isla Cabritos, en el Lago Enriquillo. Allí fueron eliminados mamíferos invasores que durante años afectaron la vegetación y la fauna local.

Como resultado, la isla ha experimentado una recuperación natural de su cobertura vegetal y se ha registrado un incremento en las poblaciones de reptiles endémicos. Además, especies que durante años fueron difíciles de observar han vuelto a ser reportadas en la zona.

El especialista también destacó los avances obtenidos con el programa de conservación del cocodrilo americano.

Recordó que esta especie se encuentra restringida al lago Enriquillo y enfrenta riesgos constantes por la pérdida de individuos, la captura ilegal y otras presiones humanas.

Explicó que los programas de protección de nidos y crianza controlada de ejemplares juveniles han permitido aumentar significativamente las probabilidades de supervivencia durante las etapas más vulnerables de la especie.

El cocodrilo americano

A pesar de estos esfuerzos, advirtió que el cocodrilo americano sigue siendo una de las especies más amenazadas del país debido a que su población se concentra en una sola localidad y cuenta con un número reducido de individuos reproductores.

El funcionario también citó al gavilán de La Hispaniola entre las especies que han mostrado señales de recuperación gracias a programas de conservación desarrollados durante los últimos años.

Desafíos de la protección a la biodiversidad 

No obstante, señaló que la protección de la biodiversidad continúa enfrentando importantes desafíos. 

Entre ellos mencionó la insuficiencia de recursos para ampliar los programas de conservación y la necesidad de fortalecer la educación ambiental entre la población.

Explicó que, en muchos casos, las acciones de conservación entran en conflicto con las necesidades económicas de comunidades que dependen directamente de los recursos naturales para subsistir, lo que obliga a buscar alternativas que permitan proteger los ecosistemas sin afectar los medios de vida de las personas.

Para Espinal, la conservación debe ser vista como una inversión para el futuro del país.

“Cuando cuidamos nuestros ecosistemas estamos cuidando nuestra salud, nuestra calidad de vida y el patrimonio natural que heredarán las próximas generaciones”, afirmó.

Conciencia dominicana 

El especialista insistió en que la protección de las especies amenazadas requiere no solo del trabajo de las autoridades, sino también de una mayor conciencia ciudadana sobre el valor de la biodiversidad dominicana y la necesidad de preservar los recursos naturales para las generaciones futuras.

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