Michaela y Jirka llegaron a República Dominicana con mochilas, guantes y una meta que a muchos podría parecer imposible: recorrer el país de punta a punta en 30 días, limpiando playas, ríos y comunidades junto a la gente que las habita. Vinieron desde República Checa. Y recogieron 15 toneladas de basura con la ayuda de más de 800 voluntarios.
Un recorrido que superó sus propias expectativas
El proyecto, que se enmarca dentro de una iniciativa de limpieza que la pareja activista lleva realizando desde hace seis años, tuvo en República Dominicana su edición más ambiciosa hasta la fecha: 832 voluntarios participaron a lo largo del mes, provenientes de distintas provincias del país, siendo la más activa Santiago de los Caballeros.
Lo que sí superó todas las expectativas fue el alcance en redes sociales. Con un objetivo inicial de dos millones de impresiones, el tour cerró el mes con casi ocho millones de vistas.

Las jornadas comenzaban a las 8 de la mañana y cerraban antes del mediodía, generalmente alrededor de las 11. Pero no eran simplemente operativos de recogida de basura. Cada limpieza incluía una charla inicial, a veces con talleres de reciclaje con aliados como Vaina Verde.
48% lo hacía por primera vez
Eran personas que, por primera vez en su vida, se pusieron unos guantes y recogieron basura de su entorno como acto consciente y organizado.
Para gestionar esa masa de voluntarios, las organizadoras utilizaron grupos de WhatsApp, formularios de registro por correo electrónico y una coordinación con Fundación Vida Azul.
¿Qué porcentaje de la basura se recicla en República Dominicana?

Los voluntarios respondían 20%, 30%, 50%. La respuesta real los dejaba en silencio: apenas el 5%. Y posiblemente menos.
El tour recolectó 15 mil kilos de residuos, de los cuales solo un tercio, unos cinco mil kilos, pudo ser reciclado efectivamente. El resto, incluyendo gran parte del vidrio, tuvo que ir al vertedero por falta de centros de acopio que lo recibieran fuera del norte del país.
La educación ambiental como única salida
En seis años recorriendo países con bolsas en mano, han visto de todo. En República Dominicana, lo más habitual fue lo de siempre: plásticos, latas, botellas, jeringas abandonadas en algunas zonas. Nada extraordinario en términos de rareza, aunque la cantidad en ciertos puntos, especialmente algunas playas de Santo Domingo, resultó abrumadora.

Lo más curioso, contaron entre risas, fue lo que encontró una voluntaria en la Playa Fuerte San Gil: una mochila abandonada, zapatos, cepillo de dientes, pasta dental y gafas. «Todo listo para viajar», bromearon.
Las medidas de seguridad fueron básicas pero constantes: guantes para todos los participantes, charla previa sobre cómo manejar jeringas y botellas con líquido sin abrir, presencia de Defensa Civil en la mayoría de las jornadas, y botiquín de primeros auxilios disponible.
La burocracia como obstáculo
Uno de los principales frenos que enfrentaron fue la gestión institucional. Contactar alcaldías para obtener permisos de limpieza y coordinación de camiones de recolección fue descrito como uno de los procesos más difíciles del tour.
Recordó Micaela con una mezcla de humor y frustración. En muchos casos, los encargados de gestión ambiental simplemente no respondían. En contraste, San Pedro Macorís fue una grata sorpresa. Aunque no estaba en el itinerario original, la cantidad de personas registradas en esa ciudad que subió al tercer lugar nacional en número de voluntarios inscritos llevó a los organizadores a sumar una limpieza extra de último momento.

Cuando se les preguntó qué medida le recomendarían al Gobierno dominicano si tuvieran esa posibilidad, ambos respondieron sin dudar: educación desde primer grado. Y pusieron un ejemplo concreto. En República Checa, hace 25 años, una campaña masiva en medios de comunicación, vallas publicitarias y paradas de autobús, educó a la población sobre la separación de residuos. Había sanciones para quienes no cumplían. Hoy, ese país es uno de los líderes europeos en reciclaje. En cada calle, hay contenedores diferenciados por tipo de material.
También hablaron de la importancia de corregir a quien tira basura en la calle, aunque eso genere incomodidad. «La próxima vez, antes de tirar, va a mirar si alguien lo está viendo. La vergüenza también es un motivador», dijo la joven.
