Permiso para que este post sea en español, en homenaje al maravilloso país de República Dominicana.
Lo que sería solo un viaje y oportunidad para practicar español, se convirtió en una experiencia riquísima, llena de cultura y de contacto con un país tan abundante en naturaleza como también con grandes desafíos sociales y ambientales.
Mientras muchos visitantes se quedan en resorts en Punta Cana, las grandes ciudades de Santo Domingo y Santiago de los Caballeros muestran, en sus diferentes barrios, el desafío de la desigualdad social. En el centro, ciudades hermosas; pero más lejos, hacia el interior del país, la basura, la suciedad y la pobreza se hacen visibles en las calles y playas.
En este escenario, me sorprendió la gentileza y amabilidad de las personas. Una cultura tan rica, con danzas, pinturas, música y todo tipo de arte que encanta a quienes la conocen. Me enamoró la simplicidad de la gente y cómo me demostraron que no necesitamos mucho para vivir plenamente.
Pero lo que más conmovió mi corazón fue empezar a conocer la red riquísima de personas que luchan por los derechos humanos y el medio ambiente. Un abrazo especial al equipo del Jardín Botánico de Santiago, que me recibió con tanta amabilidad y que realiza diariamente acciones de educación ambiental para todos.
Tuve la oportunidad de participar en el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, donde celebramos el talento, la pasión y la dedicación de todas aquellas que contribuyen al avance del conocimiento y a la protección de nuestro planeta.
Qué placer conocer a personas como la periodista Carolina Pichardo, quien creó el primer periódico especializado en medio ambiente de la República Dominicana; a la científica Pamela Tejada Tejada, que innova creando productos a partir de residuos (economía circular); y a la bióloga Bianka Sanó Pérez, quien estudia y contribuye a la preservación de la biodiversidad dominicana.

Y de todo lo que viví, me queda esta sensación: un país riquísimo en cultura y medio ambiente, con lugares extraordinarios poco conocidos, con una gente muy amable, pero también con desafíos enormes y batallas que son lideradas con valentía por dominicanos y personas de todo el mundo que buscan marcar la diferencia.
Ciertamente volveré para descubrir sitios increíbles como subir el Pico Duarte, ver las ballenas en Samaná y conocer Montecristi. Si hay tiempo, ¿quién sabe?, quizás incluya Punta Cana. Pero lo seguro es que volveré para contribuir en algún proyecto de las diversas ONGs y personas que luchan por garantizar los derechos humanos y el rico medio ambiente, las mayores riquezas de este país.
Un “Buen día” y “¡Dios te bendiga!” a todos.
Columna escrita por Natália Windmöller, especialista en medio ambiente e ingeniería sanitaria de la Universidad de São Paulo, Brasil.
