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Opinión: Cómo un país me conquistó en menos de 30 días

Permiso para que este post sea en español, en homenaje al maravilloso país de República Dominicana.

Lo que sería solo un viaje y oportunidad para practicar español, se convirtió en una experiencia riquísima, llena de cultura y de contacto con un país tan abundante en naturaleza como también con grandes desafíos sociales y ambientales.

Mientras muchos visitantes se quedan en resorts en Punta Cana, las grandes ciudades de Santo Domingo y Santiago de los Caballeros muestran, en sus diferentes barrios, el desafío de la desigualdad social. En el centro, ciudades hermosas; pero más lejos, hacia el interior del país, la basura, la suciedad y la pobreza se hacen visibles en las calles y playas.

En este escenario, me sorprendió la gentileza y amabilidad de las personas. Una cultura tan rica, con danzas, pinturas, música y todo tipo de arte que encanta a quienes la conocen. Me enamoró la simplicidad de la gente y cómo me demostraron que no necesitamos mucho para vivir plenamente.

Pero lo que más conmovió mi corazón fue empezar a conocer la red riquísima de personas que luchan por los derechos humanos y el medio ambiente. Un abrazo especial al equipo del Jardín Botánico de Santiago, que me recibió con tanta amabilidad y que realiza diariamente acciones de educación ambiental para todos.

Tuve la oportunidad de participar en el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, donde celebramos el talento, la pasión y la dedicación de todas aquellas que contribuyen al avance del conocimiento y a la protección de nuestro planeta.

Qué placer conocer a personas como la periodista Carolina Pichardo, quien creó el primer periódico especializado en medio ambiente de la República Dominicana; a la científica Pamela Tejada Tejada, que innova creando productos a partir de residuos (economía circular); y a la bióloga Bianka Sanó Pérez, quien estudia y contribuye a la preservación de la biodiversidad dominicana.

Y de todo lo que viví, me queda esta sensación: un país riquísimo en cultura y medio ambiente, con lugares extraordinarios poco conocidos, con una gente muy amable, pero también con desafíos enormes y batallas que son lideradas con valentía por dominicanos y personas de todo el mundo que buscan marcar la diferencia.

Ciertamente volveré para descubrir sitios increíbles como subir el Pico Duarte, ver las ballenas en Samaná y conocer Montecristi. Si hay tiempo, ¿quién sabe?, quizás incluya Punta Cana. Pero lo seguro es que volveré para contribuir en algún proyecto de las diversas ONGs y personas que luchan por garantizar los derechos humanos y el rico medio ambiente, las mayores riquezas de este país.

Un “Buen día” y “¡Dios te bendiga!” a todos.

Columna escrita por Natália Windmöller, especialista en medio ambiente e ingeniería sanitaria de la Universidad de São Paulo, Brasil.