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Opinión: Una perspectiva sobre la manifestación en contra del proyecto Avenida República de Colombia

El pasado domingo 20 de julio, cientos de dominicanos se dieron cita al Jardín Botánico. Todos sabemos para qué. Se convocó a una protesta para proteger este pulmón de la ciudad. Así mismo, el sábado 19 -tan solo un día antes- 6 organizaciones de izquierda se reunieron frente al Palacio Nacional con tal de protestar en contra del proyecto del Código Penal, un proyecto retrógrada y que celebra la impunidad. Este fin de semana fue uno de comunicación. Estas manifestaciones tuvieron lugar en el Distrito Nacional, pero al mismo tiempo, otros en el interior se manifestaron, todos defendiendo sus propias causas.

Algunos llaman estas manifestaciones “disturbios”. Las tachan como “show sin sentido”, pero son el acto más primordial de comunicación que un pueblo puede hacer ante su aparato gubernamental. Una protesta -de cualquier tipo- es un mensaje claro del pueblo a su gobierno. Dice, “no me representas”.

“La huelga es el lenguaje de los no escuchados”.

-Martin Luther King Jr.

Siempre que haya un pueblo ignorado y negligido, siempre que haya una gente oprimida, habrá espacio para la protesta. La protesta como acto político es la forma más rápida y directa que tiene el pueblo de comunicar su descontento. Y por tanto, el gobierno debe prestar la mayor atención posible a este. ¿Acaso no es el rol del gobierno “escuchar” a su pueblo”? “Estamos escuchando”, han dicho representantes gubernamentales al hablar sobre cómo toman acciones legislativas en beneficio del pueblo, y muchos dirían que esto está bien, que el gobierno debe escuchar, pero considerando la esencia de una democracia, creo que el gobierno no debe escuchar, debe ser.

Un gobierno que no es en sí mismo su pueblo, estará por siempre separado de los intereses del mismo. Los planes para el Jardín Botánico y la Avenida República de Colombia son prueba de esto.

Miércoles 23 de julio, el gobierno declaró todos sus planes para este sector de la ciudad. Con tal de “mejorar” el tráfico, se busca expandir la avenida, y eliminar cruces peatonales. Incluso se tiene pensado destruir las aceras fuera de la verja del Jardín (cumpliendo la promesa del presidente, “no se tocará la verja”). Estas medidas -que según los portavoces del gobierno responden al clamor del pueblo- ignoran totalmente uno de los mensajes principales de la protesta, un dato que urbanistas han comprobado una y otra vez alrededor del mundo: la expansión de las calles no mejora el tránsito, lo empeora. Esto es debido a la demanda inducida. La única solución a largo plazo al problema del tránsito es desarrollar la infraestructura del transporte público. Un transporte colectivo, rápido, eficiente, seguro y asequible es la mayor garantía de una ciudad móvil.

A pesar de esto, nada ha sido dicho sobre desarrollar esta infraestructura. Entonces, ¿Cuáles intereses están siendo representados aquí? No pueden ser los de las personas, ya que -literalmente- se quiere destruir el espacio que estas utilizan para caminar. El pueblo continúa sin ser escuchado ni representado por sus oficiales gubernamentales. La ciudad falla en proveer lo que todos necesitamos para vivir vidas dignas. El gobierno respondió, pero es como si no hubiese escuchado nada.

No solo esto. Casi como una bofetada en la cara, se aprobó la tala de más de 900 árboles en el Centro Olímpico. Muchos de esos árboles llevaban décadas ahí, eran parte integral del ecosistema del Distrito Nacional. Así que mientras estábamos distraídos con la posibilidad de un daño al Jardín, se apresuraron a deforestar otra gran área de nuestra ciudad. ¿Habrá sido todo un engaño?

Esto es increíblemente frustrante, pero toda moneda tiene dos caras. No culparía a nadie por tirar la toalla y decir “no hay forma, esto está acabado”. Sería extraño no sentirse ignorado y desear mejor escapar del país para no tener que lidiar con estas realidades. Pero no todo está perdido.

En la manifestación, encontré algunos personajes pintorescos. Hubo un grupo de jóvenes haciendo pancartas para los manifestantes. Estos hicieron esa labor gratuitamente, usando sus materiales, su esfuerzo, y su tiempo para apoyar a la causa. Una joven ingeniera se dedicó a recoger vidrios rotos cerca de la parada del Corredor; se mantuvo atenta a su tarea por horas, con tal de asegurar la seguridad de las personas y animales que pasan por el área. Un par de jóvenes activistas se presentaron en representación de las abejas y la flora nativa. Algunos, protegieron del sol a los demás con sus sombrillas, a pesar de no conocerlos. El mismo José María Cabral, prestó su tiempo y sus recursos para hacer este gesto posible.

Todas estas personas, extraños y desconocidos, se unieron con un objetivo en común: proteger su ciudad. Se colocaron brazo con brazo, codo a codo, unos con los otros, en una cadena humana que no solo muestra el deseo de proteger, sino la voluntad de unirse a su prójimo humano, sea quien sea.

Mientras que los sistemas no dan más que una mirada fría, las personas ofrecen un abrazo cálido.

Estas manifestaciones, todas y cada una de ellas, son un comunicado, uno con dos mensajes. Las protestas nos dicen que el sistema está fallando, pero también nos dicen que nuestro bienestar importa. Nos recuerdan que fue la cooperación, no la competición lo que nos sacó de las cuevas en la carrera evolutiva. Nos hacen ver que dentro de cada ser humano, hay un deseo por ver un mundo más justo y gentil para con quienes le habitan, y tienen la voluntad de luchar por hacerlo realidad.

Ahora más que nunca, debemos prestar atención a nuestro prójimo, a nuestras comunidades, y recordar que son más las cosas que nos unen que las que nos separan. Debemos recordar que la sociedad nació para elevar a todos sus miembros, no para convertirlos en tornillos en la máquina de la explotación. Recordar que juntos podemos crear un país mejor para todos. Debemos seguir comunicando nuestros mensajes, porque aunque nos sintamos ignorados, las palabras llegarán a quienes las quieran escuchar.

 

Lessing Abdías Pérez Calderón

Licenciado en Lengua y Literatura