En esta edición de preguntas y respuestas de Raíz Climática, conversamos con Ashley Morale Cartagena, ingeniera geotécnica y especialista en reducción del riesgo de desastres, con más de 15 años de experiencia en los ámbitos académico, gubernamental y de cooperación internacional. Fundadora y presidenta de GeoRisk Consulting, Morales Cartagena comparte su perspectiva sobre los desafíos de la gestión del riesgo y la importancia de fortalecer la resiliencia ante los desastres.
-RC: ¿Cuáles son actualmente las regiones de República Dominicana con mayor exposición o vulnerabilidad ante un terremoto de gran magnitud, y qué fallas activas representan una amenaza particular para determinadas provincias o ciudades?
-AM: Hay que distinguir entre amenaza, exposición y vulnerabilidad. En términos de exposición, el Gran Santo Domingo y Santiago concentran población, edificaciones, actividades económicas y servicios esenciales. Esa concentración significa que un terremoto que afecte estas ciudades puede tener consecuencias importantes para todo el país.
La vulnerabilidad depende de cómo hemos construido: edificaciones sin diseño ni supervisión adecuados, materiales deficientes, ampliaciones que no fueron evaluadas y estructuras antiguas que requieren revisión. La antigüedad es un criterio para priorizar evaluaciones, pero por sí sola no permite determinar si una edificación es segura.
Entre las principales fuentes de amenaza están la falla Septentrional, especialmente relevante para el Cibao; el sistema Enriquillo–Plantain Garden, para el suroeste; y la Trinchera de los Muertos, al sur de la isla. También debemos considerar las fuentes marinas al norte de La Hispaniola.
Además, el suelo importa: dos sectores de una misma ciudad pueden experimentar movimientos diferentes durante el mismo terremoto. Por eso necesitamos estudiar tanto las edificaciones como el terreno donde están construidas.
-RC: -¿Qué tan preparado está el país para enfrentar un terremoto de magnitud considerable? ¿Qué escenarios deberían preocuparnos especialmente?
-AM: Hemos avanzado en formación profesional, conocimiento científico y preparación institucional, pero todavía tenemos brechas importantes. La preparación tampoco es uniforme: hay instituciones y empresas que han trabajado mucho y comunidades que siguen teniendo muy pocos recursos para protegerse.
Me preocupa especialmente un terremoto cercano a una zona densamente poblada, con edificaciones vulnerables y condiciones del terreno que puedan agravar los daños. Bajo determinadas condiciones, pueden presentarse amplificación del movimiento, licuefacción o deslizamientos.
Pero también debemos pensar en lo que ocurre después: hospitales que pierden capacidad de atención, interrupciones de agua y electricidad, vías bloqueadas o dificultades para comunicarnos.
La preparación del país también se mide por nuestra capacidad de mantener los servicios esenciales y recuperarlos cuando fallen. Ese enfoque de recuperación funcional está ganando espacio en la ingeniería sísmica internacional.
-RC: -¿Cómo está la educación en prevención de desastres en el Caribe y, en particular, en República Dominicana? ¿Qué papel deberían tener las escuelas y los medios de comunicación?
-AM: No podría generalizar sobre todas las islas del Caribe. En República Dominicana, entiendo que todavía necesitamos un esfuerzo sostenido para convertir la prevención en parte de nuestra vida cotidiana.
En las escuelas, la gestión del riesgo debería trabajarse de forma continua, con contenidos adecuados a cada edad y a las amenazas del entorno. Los niños pueden llevar ese conocimiento a sus hogares, pero la responsabilidad de protegerlos sigue siendo de los adultos y de las instituciones. Una escuela necesita educación, una infraestructura segura y un plan que se practique.
Los medios tienen un papel fundamental: explicar nuestras amenazas sin alarmismo y enseñar acciones concretas durante todo el año. No podemos hablar de preparación solamente cuando acaba de temblar. La repetición de información clara y útil es lo que ayuda a construir una cultura sísmica.
-RC: -¿Qué conocimientos básicos debería tener cualquier ciudadano para saber cómo actuar antes, durante y después de un terremoto?
-AM: Antes: conocer las condiciones de su vivienda y solicitar una evaluación profesional cuando existan dudas sobre su seguridad. También fijar muebles y objetos pesados, mantener las salidas despejadas y preparar un plan familiar: cómo comunicarnos, dónde reunirnos y quién puede necesitar ayuda. La mochila debe considerar medicamentos y las necesidades de niños, adultos mayores, personas con discapacidad y mascotas.
Durante: si estamos dentro de una edificación, la recomendación general es agáchate, cúbrete y sujétate. Proteger la cabeza y el cuello y, cuando sea posible, resguardarnos bajo una mesa resistente. No correr hacia la calle, las escaleras o los ascensores mientras está temblando. Si estamos afuera, permanecer en un espacio abierto, lejos de fachadas, postes y cables. Estas acciones deben practicarse con anticipación.
Después: verificar si estamos heridos, ayudar sin exponernos y evacuar cuando sea necesario, una vez termine el movimiento y por una ruta segura. Debemos estar preparados para réplicas, utilizar mensajes de texto para comunicarnos y seguir las instrucciones oficiales. Si una edificación presenta daños o hay dudas sobre su estabilidad, no debemos reingresar hasta que sea evaluada por personal competente.
En zonas costeras expuestas a tsunami, un movimiento fuerte o prolongado es una señal para dirigirnos hacia zonas altas o tierra adentro cuando termine la sacudida, sin esperar una alerta oficial.
-RC: -¿Existen edificaciones sismorresistente en el país? ¿De ser así, podría mencionar algunas?
-AM: Sí, en el país se diseñan y construyen edificaciones con criterios de resistencia sísmica. Contamos con el Reglamento para el Análisis y Diseño Sísmico de Estructuras, R-001, aprobado mediante el Decreto 201-11.
Sin embargo, una fecha de construcción o un plano aprobado no bastan para asegurar el desempeño de un edificio. Importan el diseño, el estudio del suelo, los materiales, la ejecución y las modificaciones que haya recibido.
Para mencionar una edificación específica como ejemplo de seguridad, preferiría contar con su documentación técnica. Y debemos entender algo, sismorresistente no significa que nunca sufrirá daños. Proteger la vida y lograr que un edificio continúe funcionando después del terremoto son objetivos que requieren consideraciones distintas.
-RC: -¿Es posible adaptar las edificaciones existentes para mejorar su resistencia sísmica o habría que sustituir algunas estructuras? ¿Qué tan viable sería hacerlo de forma generalizada, en términos económicos y normativos?
-AM: Sí, muchas edificaciones pueden reforzarse. La solución depende de una evaluación que permita conocer sus deficiencias, las condiciones del terreno y el desempeño que necesitamos alcanzar. En algunos casos será viable intervenir; en otros, sustituir la estructura será la alternativa más conveniente.
A escala nacional, propondría un programa gradual, empezando por las edificaciones cuya falla tendría mayores consecuencias. Necesitamos inventarios, evaluaciones, criterios técnicos y financiamiento para pasar del diagnóstico a la intervención.
La decisión económica debe considerar tanto el costo del reforzamiento como las pérdidas que buscamos evitar, incluyendo la interrupción de servicios. Además, un reforzamiento orientado a proteger la vida puede requerir medidas adicionales si queremos recuperar rápidamente el funcionamiento del edificio.
-RC: -¿Cuáles son las principales inversiones que debería priorizar el Estado para reducir el riesgo sísmico y, si tuviera que dar una sola recomendación para los próximos cinco años, cuál sería?
-AM: Priorizar la evaluación y el reforzamiento de escuelas, hospitales e infraestructura esencial; los estudios del terreno que orientan el ordenamiento territorial y la investigación de nuestras fallas activas incluyendo estudios de paleosismología. También necesitamos fortalecer la supervisión de las construcciones para evitar que sigamos creando nuevas vulnerabilidades.
Si tuviera que escoger una sola recomendación, sería establecer un programa nacional de evaluación y reducción de la vulnerabilidad sísmica de infraestructura esencial, con presupuesto, responsables y metas verificables para los próximos cinco años. Que podamos demostrar cuántas instalaciones evaluamos, cuáles intervenimos y qué servicios estamos mejor preparados para mantener después de un terremoto.
-RC: -¿Cómo está la educación en prevención de desastres en el Caribe y, en particular, en República Dominicana? ¿Qué papel deberían tener las escuelas y los medios de comunicación?
-AM: No podría generalizar sobre todas las islas del Caribe. En República Dominicana, entiendo que todavía necesitamos un esfuerzo sostenido para convertir la prevención en parte de nuestra vida cotidiana.
En las escuelas, la gestión del riesgo debería trabajarse de forma continua, con contenidos adecuados a cada edad y a las amenazas del entorno. Los niños pueden llevar ese conocimiento a sus hogares, pero la responsabilidad de protegerlos sigue siendo de los adultos y de las instituciones. Una escuela necesita educación, una infraestructura segura y un plan que se practique.
Los medios tienen un papel fundamental: explicar nuestras amenazas sin alarmismo y enseñar acciones concretas durante todo el año. No podemos hablar de preparación solamente cuando acaba de temblar. La repetición de información clara y útil es lo que ayuda a construir una cultura sísmica.
-RC: -Más allá de la tecnología, ¿qué aspectos del modelo japonés serían más fáciles de replicar en República Dominicana?
-AM: Empezaría por la educación continua y la práctica. Que una familia sepa qué hacer, que una escuela ensaye su respuesta y que una empresa conozca cómo proteger a su personal y mantener sus operaciones.
También podemos aprender de la importancia que se le da al cumplimiento de las normas y al mantenimiento de las edificaciones. Tener un reglamento es un paso; llevarlo correctamente a la obra requiere profesionales, supervisión y responsabilidad.
Los simulacros deben servir para encontrar problemas y corregirlos. Si descubrimos que una salida está bloqueada o que una persona necesita asistencia, ese aprendizaje tiene que traducirse en una mejora.
Lo que hagamos mal al construir hoy puede quedar en evidencia cuando ocurra un terremoto.
-RC: -¿Son las construcciones sismorresistentes la única solución para reducir los daños y las pérdidas humanas, o debemos abordar el problema desde una perspectiva más amplia?
-AM: La construcción sismorresistente es fundamental, pero necesitamos una mirada más amplia: ordenamiento territorial basado en riesgos, educación, preparación y continuidad de los servicios esenciales.
Un hospital puede conservar su estructura y aun así dejar de atender si pierde el agua, la electricidad o sus equipos. Una empresa puede tener su edificio en pie y no poder operar porque sus trabajadores no llegan o sus proveedores están afectados.
Por eso debemos trabajar en las edificaciones, en los sistemas que las sostienen y en las personas que los utilizan. Construcción, planificación y educación tienen que avanzar juntas.
-RC: ¿Cuáles son hoy las tendencias internacionales en sistemas de alerta temprana, de acuerdo con su experiencia y conocimiento?
-AM: La tendencia es conectar la detección rápida con acciones de protección. Los sistemas de alerta temprana sísmica detectan un terremoto que ya comenzó y pueden avisar a algunos lugares antes de que llegue la sacudida fuerte. No predicen terremotos, y cerca de la fuente el tiempo de aviso puede ser muy corto o inexistente.
Además de enviar avisos a teléfonos, se trabaja en acciones automáticas, como reducir la velocidad de trenes, cerrar determinadas válvulas o colocar equipos en condiciones seguras. Unos segundos pueden ser útiles cuando la respuesta está previamente diseñada. Para República Dominicana, cualquier propuesta debe evaluarse según nuestras fuentes sísmicas, la instrumentación y las comunicaciones disponibles. La tecnología necesita mantenimiento, protocolos y una población que sepa responder. Una alerta tiene valor cuando sabemos qué hacer al recibirla.
