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De la montaña al arrecife: la apuesta de EcoSoluciones para la costa norte de RD

La historia de EcoSoluciones comenzó con una escultura submarina. Cuando la organización internacional Global Coralition, una entidad sin fines de lucro que impulsa la regeneración de ecosistemas marinos mediante la unión del arte, la ciencia y las comunidades locales, llegó a la costa norte de República Dominicana para conocer los esfuerzos de conservación marina de la zona, surgió la oportunidad de ejecutar la escultura Atabey, una obra de 4.9 metros de altura,  concebida como un símbolo de conexión entre las personas y el océano, y sumergida en 2023 en Sosúa. 

Pero para el equipo local, aquella experiencia dejó una inquietud mayor.

“Nos quedamos con las ganas de realizar proyectos anexos, tanto de corales como de manglares”, dijo Lía Hiraldo, directora de EcoSoluciones.

Corales para devolverle vida al arrecife

Bajo esa visión nació uno de los proyectos más emblemáticos de la organización: la restauración coralina alrededor de la escultura Atabey, desarrollada en colaboración con la Fundación Ecológica Magua, entidad que cuenta con los permisos para la conservación y restauración de la zona marina donde se encuentra la obra.

“La escultura Atabey fue un regalo a la bahía. A partir de esos permisos surgió la posibilidad de instalar domos de coral alrededor de la escultura para contribuir a la reforestación coralina del área”, explica.

Para lograrlo, EcoSoluciones instaló un laboratorio de microfragmentación de corales en Isla Academy, un colegio internacional de Cabarete que abrió sus puertas para convertir parte de sus instalaciones en un espacio de investigación y educación ambiental.

La técnica utilizada consiste en recolectar pequeños fragmentos de coral, monitorearlos durante semanas bajo condiciones controladas y luego trasladarlos a estructuras submarinas diseñadas para favorecer su crecimiento.

“Tomamos una pequeña porción del coral, la colocamos en unos soportes especiales llamados cookies y durante uno o dos meses monitoreamos diariamente parámetros como el pH, la salinidad y la alcalinidad”, explica la directora.

Una vez los fragmentos muestran signos de recuperación, son trasplantados a domos instalados alrededor de Atabey. Hasta la fecha, el proyecto ha colocado 20 domos y entre 1,700 y 1,800 microfragmentos de coral o fragmentos de oportunidad en la bahía.

Aunque la fase inicial ya concluyó, el trabajo continúa. Cada tres semanas el equipo inspecciona las estructuras, verifica que los corales permanezcan adheridos después de marejadas o eventos climáticos y limpia tanto la escultura como los domos para evitar la proliferación de algas.

El laboratorio también se ha convertido en una herramienta educativa. Escuelas, colegios y grupos comunitarios pueden visitar las instalaciones para aprender sobre microfragmentación y conservación marina, además de participar en recorridos de snorkel alrededor de Atabey para observar el resultado del proceso.

“Queremos que las personas entiendan el ciclo completo, desde el laboratorio hasta el arrecife”, señala.

Cuando la basura y los incendios llegan al océano

Mientras avanzaban los trabajos de restauración coralina, el equipo comenzó a preguntarse qué ocurría tierra adentro.

La respuesta los llevó hasta una laguna de aproximadamente ocho kilómetros de extensión en Cabarete, conectada con el río Yásica y, posteriormente, con el océano Atlántico.

“Todo termina llegando al mar. Sea basura, cenizas o sedimentos, tarde o temprano llega al arrecife”, afirma la directora.

Las evaluaciones realizadas identificaron dos amenazas principales: la acumulación de residuos y los incendios forestales provocados tanto por actividades pesqueras como por intentos de rellenar áreas para futuras construcciones.

A partir de ese diagnóstico, EcoSoluciones inició un programa de restauración ecológica y educación ambiental que incluyó charlas en escuelas, reuniones comunitarias y actividades desarrolladas junto a otras organizaciones locales.

Además, impulsó capacitaciones en manejo de incendios forestales para brigadas ambientales, bomberos y voluntarios comunitarios, muchos de los cuales carecían de formación especializada para responder a este tipo de emergencias.

La iniciativa buscaba crear una red comunitaria capaz de actuar de manera rápida y coordinada ante cualquier incendio.

Los resultados comenzaron a verse este año, cuando un incendio forestal pudo ser controlado en menos de 24 horas gracias a la activación de los protocolos establecidos entre residentes, autoridades ambientales, bomberos y organismos de emergencia.

“Antes un incendio podía durar una semana. Ahora existe un protocolo y la comunidad sabe cómo actuar”, asegura.

Restaurar manglares y fortalecer a las comunidades

La restauración de manglares se convirtió en otro eje fundamental del proyecto.

Según EcoSoluciones, más de 300,000 manglares han sido plantados con la participación de estudiantes, residentes, empresas privadas y visitantes internacionales.

Sin embargo, la organización insiste en que sembrar árboles es solo una parte del trabajo.

La meta es fortalecer la relación entre las comunidades y los ecosistemas de los que dependen, promoviendo educación ambiental, participación ciudadana y nuevas oportunidades económicas vinculadas a la conservación.

Conservación que también genere ingresos

Uno de los principales desafíos de los proyectos ambientales es garantizar su sostenibilidad financiera a largo plazo.

Por ello, Ecosoluciones explora mecanismos que permitan generar recursos para mantener los esfuerzos de conservación sin depender exclusivamente de donaciones.

Entre las iniciativas se encuentran programas de adopción de manglares y corales, mediante los cuales empresas e instituciones financian la restauración y reciben informes periódicos sobre la evolución de los ecosistemas que apoyan.

La organización también planea desarrollar rutas de ecoturismo en los manglares de Cabarete, un ecosistema que suele pasar desapercibido frente a la popularidad de las playas de la zona.

La propuesta busca capacitar a residentes como guías turísticos para que puedan generar ingresos mientras una parte de los beneficios se reinvierte directamente en la conservación de los humedales.

Dar alternativas a quienes dependen del manglar

EcoSoluciones también trabaja con pescadores locales, un grupo frecuentemente señalado por prácticas que afectan los ecosistemas costeros.

La estrategia ha sido ofrecer alternativas económicas en lugar de criminalizar a quienes dependen de estos recursos para subsistir.

Hasta ahora, 20 pescadores han obtenido licencias oficiales de pesca artesanal y han participado en procesos de capacitación junto a las autoridades pesqueras.

El próximo paso será implementar un proyecto piloto de acuicultura.

“Queremos que vean que existen otras formas de generar ingresos sin tener que quemar el manglar para capturar cangrejos”, explica la directora.

La historia de un joven que encontró un futuro entre corales

Entre los casos que mejor ilustran el impacto social del proyecto está el de Melfin Martínez.

Cuando EcoSoluciones lo contactó, era un aficionado a los acuarios en Santo Domingo que construía peceras para clientes particulares. Nunca había trabajado con corales silvestres y ni siquiera sabía nadar.

La organización lo invitó a conocer los proyectos en Cabarete y la experiencia transformó su vida.

Se mudó a la costa norte, aprendió a nadar, obtuvo certificaciones de buceo y hoy trabaja en restauración coralina tanto con EcoSoluciones como con la Fundación Magua.

Próximamente viajará a Miami para continuar especializándose en técnicas de conservación marina.

“Hay muchos jóvenes con potencial. Lo que falta son oportunidades”, afirma.

Su historia resume el objetivo central de EcoSoluciones: demostrar que la conservación no solo protege ecosistemas, sino que también puede abrir caminos para el desarrollo comunitario y profesional.

Porque, como repite constantemente el equipo, todo está conectado: desde la montaña hasta el arrecife.

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