El cambio climático ya no es una amenaza distante: sus efectos están transformando los ecosistemas y poniendo a prueba la capacidad de adaptación de numerosas especies. El aumento de las temperaturas, los cambios en los patrones de lluvia, la pérdida de hábitats y los fenómenos meteorológicos extremos están alterando las condiciones que animales y plantas necesitan para sobrevivir.
Al ser consultada sobre cuáles especies son las más vulnerables a los efectos del cambio climático, la doctora Tatiana Carreño, coordinadora veterinaria del Zoológico Nacional Arquitecto Manuel Valverde Podestá, explicó que entre los grupos más sensibles se encuentran los anfibios, debido a que son susceptibles a los cambios en las condiciones ambientales, especialmente a las variaciones de temperatura y las alteraciones en la calidad del agua. Por esta razón, los cambios ambientales pueden tener un impacto importante sobre su bienestar y supervivencia.
Asimismo, dijo que actualmente ninguna de las especies que alberga el parque requiere exhibiciones con temperatura o humedad controladas artificialmente, ya que pueden mantenerse adecuadamente bajo las condiciones climáticas locales, siempre acompañadas de las medidas de manejo y bienestar correspondientes.
Carreño precisó que el parque alberga tanto especies propias de la región como especies no endémicas. En el caso de estas últimas, animales como grandes felinos, antílopes, búfalos, bisontes y monos provienen de regiones con condiciones climáticas similares o forman parte de poblaciones que llevan tiempo adaptadas a climas comparables con el de República Dominicana.
Medidas que toma el ZOODOM ante fuertes lluvias o sequías
El manejo de los animales se adapta a las condiciones climáticas que se presenten, con medidas específicas para cada situación. Durante períodos de temperaturas muy altas, se pueden utilizar recursos de enriquecimiento que, además de estimular a los animales, contribuyan a refrescarlos, como preparaciones congeladas adecuadas para determinadas especies, según mencionó. Mientras que, ante lluvias intensas u otros fenómenos meteorológicos, los animales pueden ser resguardados en sus cubiles o casas de noche, espacios destinados a proporcionarles protección y seguridad cuando las condiciones exteriores así lo requieren.
De cara al futuro, el cambio climático también podría modificar los hábitats naturales de algunas de las especies que actualmente se encuentran en el zoológico. En este sentido, Carreño señaló que, más allá de los ejemplares bajo cuidado humano, una de las principales preocupaciones se centra en las poblaciones que permanecen en vida silvestre.
Los cambios en las condiciones ambientales pueden modificar progresivamente los ecosistemas de los que dependen estas especies y aumentar las amenazas que enfrentan en sus hábitats naturales. Por ello, el impacto del cambio climático sobre la fauna no se limita al bienestar de los animales bajo cuidado humano, sino que también debe analizarse desde la perspectiva de la conservación de las poblaciones silvestres.
“Por eso, cuando hablamos de cambio climático y fauna, es importante mirar también lo que está ocurriendo fuera de los zoológicos”, añadió.
Las condiciones climáticas pueden variar a lo largo del año, por lo que el manejo de las especies contempla medidas de cuidado y protección adaptadas a las circunstancias ambientales de cada momento. En ese sentido, las variaciones puntuales del clima se manejan mediante las medidas habituales de cuidado y protección establecidas para garantizar el bienestar de los animales.
Traslado de los animales
En cuanto al traslado internacional de animales, Carreño dijo a Raíz Climática que este proceso está sujeto a diversos requisitos y controles destinados a garantizar tanto el cumplimiento de las normativas como el bienestar y las condiciones sanitarias de los ejemplares. Para realizarlo, se requiere una serie de permisos, autorizaciones sanitarias y verificaciones previas.
Entre los documentos y procesos correspondientes pueden encontrarse la documentación CITES, cuando aplique; las autorizaciones sanitarias del país de origen y del país receptor; la autorización de las autoridades ambientales competentes, así como los procedimientos de cuarentena y verificación sanitaria establecidos para cada caso.
